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| Alerta de tsunami en perfil costero movilizó a cientos de personas a los cerros | |||||||||||||
Ed.20 del 15 de Marzo al 15 de Abril del 2011
Instituciones de ayuda humanitaria brindaron un valioso contingente en Playas y sus alrededores. El movimiento incesante de sus manos evidenciaba el temor que sentía Lucía Martínez, de 45 años, por la alerta de tsunami que se desplegó en todo el perfil costero de las provincias de Santa Elena y Guayas, luego del fuerte terremoto que azotó a Japón la madrugada del viernes 11 de marzo. “Fue algo muy impactante para mí recibir la noticia porque de paso sufro de los nervios; gracias a mi esposo, que me alentó y estuvimos orando, pude superarlo. Creo en Dios que no va a pasar nada en Playas”, decía esta señora, quien era una de las más de 200 personas que se albergó en la Academia Militar José Gómez Rendón, ubicada en lo alto de un cerro de General Villamil. A ella junto a centenares de personas las habían llevado a lo alto de los cerros para evitar una catástrofe natural. Esta labor fue coordinada por el Centro de Operaciones de Emergencia (COE), de ese cantón. A la labor se sumó esta misma tarde la Prefectura del Guayas, atendiendo una orden de su titular, Jimmy Jairala, quien puso a disposición del COE provincial la totalidad de la maquinaria del Consejo y carpas. El trabajo fue incesante también para la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, que recibió la orden de evacuar a los habitantes de Playas y sus zonas aledañas cercanas al mar. Así lo confirmó Luis Oliva, quien coordinada las tareas de refugio en la Academia Militar. “Nosotros empezamos a trabajar desde que se levantó la alerta en la madrugada. Hemos trasladado a más de 200 personas hasta los cerros más altos y estaremos brindando contingente humanitario a quien lo requiera”, explicó, mientras daba indicaciones por su radio con sus compañeros que estaban en El Mirador de Playas, donde estaban más de 300 personas. A su alrededor, voluntarios de la Defensa Civil, Cruz Roja, personal del Municipio de Playas y de dependencias gubernamentales organizaban a los refugiados. En una especie de planchada, personal de la Prefectura empezaba a armar las carpas que puso a disposición para esta emergencia. Quince carpas, seis volquetes, dos tráilers, un montacarga, dos tanqueros de agua y dos buses fueron trasladados hasta el balneario para ayudar en la contingencia frente a un eventual tsunami. Las carpas fueron destinadas a la Academia, la loma de El Mirador del Pacífico y la comuna de San Antonio, que fueron identificados como los sitios de refugio.
Mientras tanto seguían llegando más personas, acatando las órdenes de desalojar sus viviendas. Sonia Loor y su familia prefirieron asegurar un espacio y se dispusieron a improvisar su propia carga con material que encontraron a un lado del viejo edificio de la Academia. “No queremos quedarnos sin espacio y preferimos evitar cualquier problema. Tengo dos hijitos pequeños que cuidar y no quería ponerlos en riesgo”, decía esta madre, mientras ayudaba a su esposo Pedro Barzola a colocar las maderas y sogas. Ya en el centro de Playas el ambiente era desolador. Solo la brisa se dejaba sentir, mientras unos pocos quedaban cerca del malecón pues eran evacuados por personal de la Policía que resguardaba el lugar. Los locales estaban cerrados, mientras un toque de queda complementaba la imagen de un pueblo fantasma. El mismo panorama tuvo Salinas y sus alrededores, donde la mayoría de turistas y habitantes optó por regresar a Guayaquil a buscar un lugar seguro. |