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Ante este maravilloso paisaje, unico en la zona costera reposan los restos de quienes habitaron en las comunas de San José, Las Nuñez, La Entrada, la Rinconada y San Juanito |
Ed. Nº 9 Septiembre del 2009
Desde Manglaralto hasta San José
¿Se imagina ser enterrado justo frente al mar y que su familia lo visite en un lugar como este? Para muchos puede ser una idea muy romántica, para otros, no tradicional. Sin embargo este lugar ya existe en las costas ecuatorianas hace más de cien años.
Se trata de tres cementerios ubicados a lo largo de la antigua ruta del Sol, en el sector que va desde Manglaralto hasta San José. Uno de los cementerio se ubica en Manglaralto, el otro en Olón y el tercero en San José, este último confluye en un paisaje en el que es posible observar las cruces blancas con la intensidad azul del mar y el cielo.
Aunque es una zona de pesca, en el cementerio de San José los restos son mayoritariamente de agricultores porque en aquellos tiempos la actividad más rentable de la zona era el cultivo del café. En la actualidad el café producido en esta tierra se utiliza para el consumo interno y de los turistas. Además, se cultiva naranja y tagua.
El cementerio de San José acoge también los restos de los habitantes de Las Núñez, la Entrada, la Rinconada y San Juanito, último punto de la provincia de Santa Elena.
En la actualidad también descansan en paz pescadores, artesanos y albañiles porque las comunidades han crecido. Por ejemplo, La Entrada comenzó como un caserío de apenas 5 viviendas, en la actualidad es una pujante comunidad con alrededor de 100 casas.
Y a pesar del crecimiento, los lugareños son muy unidos y desinteresados. “Si alguien muere, no necesita haber separado una tierrita para que lo entierren… solo deben ir sus familiares y encargarse de hacer la tumba sin pagar nada”, relata Juan Baque, morador y dirigente comunal desde hace más de 30 años.
En el panteón, terreno sobre elcual nadie recuerda si fue donado o adquirido, tienen su última morada los comuneros de la zona.
Existen alrededor de 200 tumbas (identificadas por sus cruces). Sin embargo, nadie sabe cuántos cuerpos han sido enterrados. Antes no se impermeabilizaba las tumbas y cuando se caían las cruces se daba por sentado que el espacio estaba libre y podía ser ocupado.
“Hay que ver el respeto que le tiene el mar a nuestros muertos”, comenta con orgullo Marcelino Reyes, quien afirma que el mar ha ganado alrededor de 20 metros de playa y que aun así nunca se ha inundado el cementerio.
"Por eso ahora le pondremos muros de contención para proteger el patrimonio cultural", añadió, aunque se estudia la posibilidad de construir otro cementerio en la montaña cuando no haya más espacio en el actual.
Pero antes que esto ocurra los visitantes pueden apreciar en el sector la riqueza cultural de los comuneros y conocer un pedacito de la costa ecuatoriana.