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Hostería Sol y Luna de Don Artemio Orrala lleva dando atención desde hace 10 anios y su negocio sigue ampiándose, próximamente tendrá tres habitaciones más al servico dl turista que llega a Olón |
Ed. 5 del 18 de Abril al 5 de Mayo del 2009
Dueños de hospederías en Olón se mostraron entusiastas al saber que Engabao, del cantón general Villamil, se iniciaba con este proyecto de hospedajes turísticos comunitarios, por lo que están dispuestos a compartir con ellos su experiencia.
Desde hace 23 años, Rosa Amelia Gonzabay es dueña de la hospedería Olas del Mar, ubicada en Olón. Ella inició este proyecto llevada por la necesidad de peregrinos que llegaron a ese sector en busca del santuario Blanca Estrella de la Mar, donde se había dado una evidencia de la Virgen María, comenta Rosa.
"La gente llegaba a mi vivienda y no tenía donde quedarse. Amigos conocidos y diversas personas nos pedían un "lugarcito para pasar la noche", recuerda ella con nostalgia, de sus primeras experiencias como hospedera. "Pero aquí nos acomodamos como sea", fue la respuesta de ella cuando se sintió motivada a convivir con gente desconocida.
Así fue como amigos, conocidos y desconocidos llegaban e iban recibiendo el calor de hogar de Rosa Amelia Gonzabay. Dice que cuando ellos iniciaron con este proyecto no había carreteras, carecían de los servicios básicos como agua, luz y teléfono; sin embargo, le puso tanta fe a este proyecto que al poco tiempo pudieron habilitar una habitación en su casa para recibir a quien quisiera llegar a las playas de Olón. Ahora su casa es una hostería con doce habitaciones, pero que aún mantiene el concepto de hospedería comunitaria.
Su casa empezó como una hospedería común y en esta primera etapa formó parte del PRMC, un programa de ayuda a los colonos de la zona costera que consistía en regular y capacitar a quienes llegaban en calidad de turistas y se quedaban de un día para el otro. Sin embargo, le imponían el requisito de no atender a más de 4 habitaciones para visitantes, porque eso los convertiría en un hostal u hotel y cambiaría el sentido de hospedería que debería tener.
Una historia similar vivió don Artemio Orrala, de 64 años. Hace 10 instaló la hospedería Sol y Luna que se convirtió en el sustento de su familia. Él y su familia han acogido a personas de diferentes culturas en un pequeño sitio donde Artemio ofrece calor de hogar.
Aunque las hospederías constituyen un instrumento de trabajo para los colonos de la costa ecuatoriana, abrir las puertas de sus hogares a los extraños no es una proceso fácil. Hay que hacerlo como si fueran parte de la propia familia, desayunando, almorzando o merendando en su propio comedor, atendiendo con esmero cualquier inquietud del visitante y esforzándose para que la gente que viene a disfrutar de las playas, el sol y el mar se sientan como en su propio hogar.
Las necesidades al comienzo fueron intensas y desesperantes. Pero eso no espantó a don Artemio. Su experiencia como hospedero comenzó cediendo su propio colchón a los turistas que llegaban a pasar la noche y le decían "no tenemos donde dormir".
Fue ahí cuando él lo vio como una necesidad de vida y se interesó más por la actividad. Su dedicación lo ha llevado a progresar paulatinamente, al punto de que ahora cuenta con una hospedería de dos plantas y media docena de pequeñas habitaciones (con baño individual) amobladas con cosas típicas, una sala, un comedor y una solera donde se construye una terraza que, de acuerdo con su diseño, alojará hamacas típicas.
Orrala comenta que con la intención de ofrecer un mejor servicio, los dueños de hospederías de las zonas de Olón, Manglaralto, Montañita y Valdivia son capacitados permanentemente por la Fundación Prodecos que promueve el desarrollo de los comuneros de estas zonas en diferentes áreas, como servicio al cliente, contabilidad, artesanías y primeros auxilios. Asimismo, aprendieron a tender camas, limpiar baños y a hacer desayunos.
DATOS
Rosa Amelia da algunas recomendaciones importantes para la atención al turista.
1. Tratar de atenderlos con la alimentación para que el turista se sienta como en su casa.
2. Hacer participar al turista de todas las habitaciones de la casa: sala, comedor, cocina, baño.
3. Estar pendiente de sus necesidades como cuando llegan con un bebé, calentar el agua del biberón, etcétera.
4. La atención que se brinda al visitante es lo que hace que este regrese.
5. No se debe explotar al público con precios exagerados.
6. Muchos turistas no se expresan adecuadamente sobre sus gustos particulares pero hay que tratarlos de hacerlos sentir como en su propio hogar.