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NOTICIAS - AL DIA |
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| TRANSPORTE COMPLICA ARRIBO DE TURISTAS | |||||
El servicio que brindan las cooperativas de transporte intercantonal que llegan hasta General Villamil genera molestias para los turistas...
Emprender un paseo hacia el único balneario del Guayas puede dejar de ser tan placentero como se planea en convertirse, a bordo de una cooperativa de transporte intercantonal, en un estresante recorrido para el turista. El viaje empieza en la Terminal Terrestre de Guayaquil, donde las empresas de transporte General Villamil y Posorja ofrecen buses cada diez y quince minutos, respectivamente. Conseguir un boleto no es complicado. Después de pagar 2,50 dólares, que incluyen los 0,10 centavos del paso por el torniquete, el turista sube al primer piso de la terminal para abordar el bus que lo llevará a disfrutar de las playas. O a desperarse por la demora en llegar. Es jueves y un equipo de EL COSTANERO emprende el recorrido. El pasaje está para las 16h25. El bus de la Cooperativa de Transporte General Villamil llega puntual, recoge a los pasajeros y sale hacia Playas a las 16h29. La rapidez y el paso veloz por la autopista Terminal Terrestre Pascuales impresiona. Pero 12 minutos después empiezan las demoras. A las 16h47 el bus hace su primera parada en la cooperativa Florida Norte, justo a la altura de Tecnicamión: un hombre uniformado con camiseta amarilla y el Tarjetas de control en vía a la costa transportación intercantonal logo de la empresa, se acerca con tarjeta en mano para marcar el paso del vehículo. Mientras él realiza su trabajo, los vendedores aprovechan para abarrotar el vehículo y al turista de una oferta de productos: frutas en funda, jugo de coco, helados. El vehículo retoma su ruta, pero nueve minutos después vuelve a detenerse en Ceibos Norte para recoger a más pasajeros. El conductor compite con los buses que van por la Perimetral, se adelanta a los vehículos para llegar a una nueva parada autoimpuesta: frente a los terrenos de la Universidad del Pacífico. Avanza unos kilómetros hasta tomar la oreja vial que lo conduce a la vía a la Costa, donde se detiene una vez más y la escena se repite: recoje a otro grupo de pasajeros. Para entonces, las 17:06, los asientos que salieron vacíos de la terminal han sido ocupados y el pasillo central empieza a llenarse. Dos minutos más adelante, al pie de la urbanización Puerto Azul, toma más pasajeros, entre ellos dos vigilantes de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG) quese acomodan de pie para viajar, mientras otro uniformado de amarillo se para y extiende la tarjeta para registrar su paso. Frente a la urbanización Terra Nostra, en Puerto Hondo, Valle Alto y Chongón hay nuevas paradas y más pasajeros que ya no le dejan espacio a ningún vendedor. Al peaje llega a las 17h20, una hora después de haber partido. Al pasar por las casetas, los controles vuelven. Justo bajo el segundo letrero en el cual la CTG recuerda que hay que conducir por el carril derecho, otro hombre vestido de amarillo deja la silla de plástico en la cual espera para sacar la tarjeta y marcar el paso del bus. La cooperativa Villamil no es la única. La Progreso e incluso la Liberpesa que no brinda servicio ejecutivo coinciden en las paradas de Puerto Azul para marcar –con tarjetas- su paso por la vía. Cuando las marcaciones terminan, empiezan nuevas paradas, seis exactamente, pero esta vez para dejar pasajeros. El ritmo se mantiene hasta Cerecita, en que el vehículo toma una ruta de corrido hasta Progreso. Los vigilantes se bajan en el destacamento. Al redondel para ir hasta Playas el carro llega a las 17h59. Entonces empieza otra molestia: la carretera. Los baches de Progreso son los primeros en aparecer; luego tramos desgastados de vía y otras siete paradas (las más visibles son a la altura del grupo de Caballerìa Saraguro, Hidroplayas, hostal las Redes y la gasolinera de Petrocomercial). A las 18h25 se llega a Playas. Los viajeros, la mayoría residentes, se baja sin quejas. Solo Ronald León, un turista que viene de Guayaquil, dice que pensaba estar en Playas en una hora y no en dos. Pero se da por bien servido. Sus amigos le habían referido que en ocasiones el viaje puede durar hasta dos horas y media, si el bus no va lleno y tiene que parar, una vez más. |
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