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TURISMO Y DIVERSION |
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| EL ESTERO DE DATA: ENTRE AVES Y MANGLARES | |||||||||
Ed. Nº 8 Agosto del 2009
En la parte sur de la Ruta del Sol hay un pequeño estero que separa dos poblaciones: Data de Posorja de Data de Villamil. Aventurarse por este brazo de mar unos cuantos kilómetros es adentrarse al calmado mundo de los manglares y sus habitantes. En nuestro país encontramos cuatro especies de manglar, aquí fácilmente se ven tres de ellas: el manglar blanco, el negro y el rojo. Cada uno de ellos tiene características diferentes, pero todas estas especies contribuyen a la oxigenación de este estero, además albergan en sus ramas y raíces conchas prieta, ostiones, cangrejos, iguanas. Y en cuanto a aves, varias especies de garzas, pelícanos, periquitos del pacífico, martín pescador y el ibis blanco que solamente habita en los manglares de las provincias del Guayas y El Oro. Los manglares se han adaptado al agua salada, ya que tienen varios sistemas que les permiten expulsar el exceso de sal del arbusto. Lo hacen a través de las hojas, raíces y ramas, por ello los manglares siempre se mantienen alegremente verdes. Al navegar por este estero uno se siente observado por sus habitantes, dos pelícanos café están atentos al movimiento del agua que produce nuestra embarcación en caso de que haya un pez que puedan tomar. La garza nívea, totalmente blanca con patas negras y amarillas, se balancea en una rama a la espera de algún crustáceo que emerja del lodo. De repente se oye un aleteo seguido de un graznido, es la garza nocturna o huaque que empieza su actividad al caer la tarde. En procesión unos veinte periquitos del pacífico van posándose de rama en rama buscando el sitio adecuado, el más protegido para pasar la noche. Sin tregua alguna, el martín pescador nos tienta a que le saquemos una foto, al acercarse rápidamente en su vuelo rasante sobre el agua en busca del último pez del día. Cuando ya el cielo va tornándose rosa decidimos volver y cual regalo nos topamos con un manglar totalmente lleno de íbices blancos, inconfundibles por sus largos picos rojos y curvos, que sin conflicto alguno compartían tanto juveniles como adultos. Además unas cuantas garzas buyeras completan esta estampa. Son tantas las aves posadas en este manglar que más que arbusto parece árbol de navidad. Realmente ha sido un regalo al espíritu el navegar por este estero que junto a nuestro panguero nos llevan sanos y salvos a la orilla, allá justo adonde empieza el mar. |
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