OTROS TITULOS
► Fundación Nobis y el BID dieron a conocer su programa de Desarrollo Económico Sustentable en el sector costero de Guayas y Santa Elena
► En la costa ecuatoriana la ruta del sombrero paja toquilla, una alternativa del turismo cultural
► La lisa, más allá de una tradición gastronómica en Puerto El Morro
► Peregrinación por las Iglesias y Santuarios del perfil costero
► Los puertos turísticos de la provincia del Guayas
► Las Cabañas, un rincón lleno de historia y variedad
► El puente Los Caras
► Montañita crece a pasos acelerados a favor del turista
► Playa de San Vicente en Manabí se reabre al turismo
► Tortuga Bay: arena blanca, mar turquesa
► Data de Posorja se abre al turismo
► La historia de la Península en un museo
► Puná destino turístico que visitar
► Ciclopaseos, alternativa de deporte y salud en Sta. Elena
► Iglesia de El Morro un patrimonio vivo en el siglo XXI
► Con 4 atractivos, las costas orenses buscan consolidar su turismo
► Nobis inauguró parador turístico en Cauchiche
► El desarrollo comunitario con tres ejes
► Más de 20 artistas llegan a puerto El Morro
► Limoncito y Santay apostaron al arte
► Artistas se preparan para convivencia en Puerto El Morro
► Turismo cultural, una nueva opción
► El Parque Nacional Machalilla
► El turismo, una alternativa autosustentable en Puná
► El estero de Data: entre aves y manglares
► La Entrada
► Inauguración Oficial en La Entrada
► Empezó temporada de ballenas
► Ecocampamentos turísticos en la Isla Puná
► En Puerto Engabao sus habitantes se alistan para la temporada de turistas de la Sierra
► SPONDYLUS, un manjar en aguas ecuatorianas
► Santa Elena muestra sus iglesias
► Ovniodromo
 
 
TURISMO Y DIVERSION
   
  EL ESTERO DE DATA: ENTRE AVES Y MANGLARES    
 
 
Jóvenes del sector de Data en faenas diarias de pesca
Ed. Nº 8 Agosto del 2009

En la parte sur de la Ruta del Sol hay un pequeño estero que separa dos poblaciones: Data de Posorja de Data de Villamil. Aventurarse por este brazo de mar unos cuantos kilómetros es adentrarse al calmado mundo de los manglares y sus habitantes.

En nuestro país encontramos cuatro especies de manglar, aquí fácilmente se ven tres de ellas: el manglar blanco, el negro y el rojo. Cada uno de ellos tiene características diferentes, pero todas estas especies contribuyen a la oxigenación de este estero, además albergan en sus ramas y raíces conchas prieta, ostiones, cangrejos, iguanas. Y en cuanto a aves, varias especies de garzas, pelícanos, periquitos del pacífico, martín pescador y el ibis blanco que solamente habita en los manglares de las provincias del Guayas y El Oro.

Los manglares se han adaptado al agua salada, ya que tienen varios sistemas que les permiten expulsar el exceso de sal del arbusto. Lo hacen a través de las hojas, raíces y ramas, por ello los manglares siempre se mantienen alegremente verdes.

Al navegar por este estero uno se siente observado por sus habitantes, dos pelícanos café están atentos al movimiento del agua que produce nuestra embarcación en caso de que haya un pez que puedan tomar.

La garza nívea, totalmente blanca con patas negras y amarillas, se balancea en una rama a la espera de algún crustáceo que emerja del lodo.

De repente se oye un aleteo seguido de un graznido, es la garza nocturna o huaque que empieza su actividad al caer la tarde.

En procesión unos veinte periquitos del pacífico van posándose de rama en rama buscando el sitio adecuado, el más protegido para pasar la noche.

Sin tregua alguna, el martín pescador nos tienta a que le saquemos una foto, al acercarse rápidamente en su vuelo rasante sobre el agua en busca del último pez del día.

Cuando ya el cielo va tornándose rosa decidimos volver y cual regalo nos topamos con un manglar totalmente lleno de íbices blancos, inconfundibles por sus largos picos rojos y curvos, que sin conflicto alguno compartían tanto juveniles como adultos. Además unas cuantas garzas buyeras completan esta estampa. Son tantas las aves posadas en este manglar que más que arbusto parece árbol de navidad.

Realmente ha sido un regalo al espíritu el navegar por este estero que junto a nuestro panguero nos llevan sanos y salvos a la orilla, allá justo adonde empieza el mar.