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TURISMO Y DIVERSION
   
  LAS CABAÑAS, UN RINCON LLENO DE HISTORIA Y VARIEDAD    
 
 
Patricio Pin Granobi es dueño de una colección de piezas tradicionales que se usaban en los años 50` incluso antes, también con réplicas arqueológicas de diversas culturas de la costa ecuatoriana.
Ed.19 del 15 de Febrero al 15 de Marzo del 2011

Sentado en un rústico escritorio de madera con base de vidrio y rodeado de un sinnúmero de artículos antiguos encontramos a Patricio Pin Granobi, un coleccionista de 60 años, quien lleva 10 de ellos viviendo en la localidad Las Cabañas, perteneciente al cantón Puerto López, de la provincia de Manabí, sitio en donde predomina su anticuario, además están: un puesto de comidas y un puesto de venta de sandías. Es ahí donde este coleccionista ha emprendido su vida, dejando a un lado a su natal recinto La Esperanza, del cantón Naranjal. “En vista de que tenía una bodega llena de cosas un día dije: ‘voy a vender’ hasta que vine a la zona buscando un sitio donde alquilar y justamente me salió aquí, donde un vecino me arrendó la casa y des-pués me la vendieron”, cuenta.

Su gusto por coleccionar objetos nació desde su juventud. En casa de sus padres encontró la manera perfecta de ir armando ‘su motín’. “(Ellos) tenían muchas cosas, entre las cuales constaban las planchas de gallitos y mi abuela cosía con una máquina de coser a mano, incluso tenían las vitrolas ortofónicas (antiguo equipo reproductor de música) y las planchas de manito eran puestas a calentar en carbón”, narra Pin, mientras confirma que desde ese entonces se dedicó a ser comerciante. “Por donde iba veía planchas, compraba santos de madera, compraba revólveres viejos, escopetas, espejos, cuadros, fotografías antiguas, imá-genes de papel antiguo, billetes, monedas, etc.”.

Afirma que su gusto por la música fue inculcado desde pequeño y esos aparatos antiguos siempre fueron de su agrado. “Las vitrolas me gustaban más por la música; en la época que fui creciendo durante mi juventud, mis abuelos y mi papá confiaban en que yo le dé manivela y les ponga la música que querían; los discos eran de carbón”.

 
 
Las Cabañas, está al pasar por el carretero después de Ayampe en la provincia de Manabí, perteneciente al cantón Puerto López, al sur.
Sus gustos también son variados y a pesar de no haber estudiado sobre arqueología la experiencia lo destaca. Es muy difícil que alguien pueda engañarlo. “Yo soy aficionado a la arqueología ya que en la finca de mi padre habían lienzos, muñequitos de algunas variedades que hacían y poco a poco fui cogiéndole amor y fui adquiriendo estas cosas hasta que vinieron señores de la “Pila” -los que elaboran estas copias- y me las querían vender como original, entonces les dije que no me engañen que yo si conocía”, subraya.

Pero también tiene opciones para los visitantes, quienes se quieren llevar un recuerdo consigo. “las personas compran estas copias porque así las pueden llevar al extranjero ya que las originales no se las puedo vender porque es Patrimonio Cultural; estas copias son hechas por maestros que las hacen casi igual a la original. Lo que más vendo son los objetos de la cultura Manteña, Jama Coaque, Chorrera, Valdivia y Machalilla”.

Las piezas que tiene Patricio son muy variadas y cotizadas. El costo de los objetos arqueológicos varía entre los $5,00 y $120,00, sin precio fijo. “Las personas escogen a su gusto, no les gusta las repetidas, tengo más de 300 piezas que son diferentes; ahí van escogiendo las que más les gusten”.

Asimismo, sus piezas resultan favorecedoras y útiles para quienes las adquieren. Por ejemplo, los candiles o lámparas de mechas muy antiguas son usadas por la gente en el campo para poder alumbrar mediante la base de kérex. “La gente que tenía estas lámparas, con cristal, eran personas de buena situación económica que incluso las traían del extranjero y la gente pobre utilizaba las llamadas petromax que ya fueron hechas con latilla y alumbran tal como si estuvieran en la ciudad con un foco normal”.

 
 
Carne de cerdo y verde asado
Pero no solo de esto vive Pin. También ha tenido que aprender de otras actividades para mantenerse. Sobre todo cuando no es temporada playera y no hay una masiva visita de turistas. “Yo tengo una finca. Todos los años cosecho de 2 a 3 hectáreas de maíz. Una parte se queda para las gallinas y la otra para vender; produzco de 300 a 400 quintales de maíz. En este sector se siembra la sandía por los meses de noviembre y diciembre y está lista para enero o febrero, hasta mayo inclusive porque ya viene el tiempo de lluvia y se dañan los frutos”, describe.

Para Patricio su vida es muy agradable. Disfruta de cada actividad que cumple y del tiempo que lleva siendo uno más de la Península. “Aquí hay dos climas. Desde el mes de mayo es la época de lluvia hasta el mes de noviembre. Se va la época de la lluvia y viene lo que se llama verano por la ruta del Spondylus o la tan conocida Ruta del Sol. Ahora estamos en pleno verano y eso cae bien a las personas que vienen a vacacionar, las playas están asoleadas y tienen para disfrutar”.

La variedad en este lugar es insuperable. Su gastronomía no puede pasar desapercibida porque se llegan a encontrar no solo especialidades de mariscos sino también el típico caldo de salchicha, que es apetecido por su singular cocción. “Se puede disfrutar de un rico caldo de salchicha o manguera, cocinado a leña. La vecina solo atiende sábados y domingos. No olvidarse de ir llevando la sal prieta típica de Manabí”, aconseja Pin.